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lunes 16 de junio de 2008

NO DEJE PASAR LA OPORTUNIDAD

NO DEJE PASAR LA OPORTUNIDAD
Ese día sábado estaba en casa cuando mi madre me llama y me pide que llevara unos paquetes de ropa para su amiga Graciela que vive a pocas cuadras de mi casa y sin más remedio tuve que partir en esa encomienda muy a mi pesar y gusto. Graciela es una amiga de la escuela de mi madre y como ella tiene unos 43 años, es casada con Mario, un empresario que regularmente esta de viaje por negocios y de buen pasar y como casi todas las mujeres a su edad, hace esfuerzos enormes para cuidar la silueta, no tiene hijos y lo mejor que tiene es su culo grande y carnoso como a mi me gustan.

Caminé cargando el bolso las siete cuadras de distancia entre mi casa y la de ella y al llegar llame por el portero eléctrico y me atendió la amiga de mi madre y me dice que suba a dejarle las cosas. Al llegar al piso de ella y dirigirme al apartamento veo la puerta abierta, la abro y grito, ¿Graciela, estás ahí? y ella me responde, Si pasa, ya voy. Cerré la puerta y me quedé cerca de ella esperando que viniera Graciela. Cuando ella salió del cuarto y entró a la sala estaba vestida con unos pantalones viejos y rasgados de jeans que estaban cortados como un short que solo cubría su cintura, caderas y culo dejando ver sus piernas al aire, una playera tipo musculosa en la parte superior y se le notaba que no llevaba sostén.

Se acercó a mi, me saludó con un beso en la mejilla tomó el bolso diciéndome: Espera que saco todo esto y te llevas el bolso de regreso a tu casa, y se dirigió para su habitación y en un instante se voltea y me dice, siéntate y ponte cómodo que yo ya regreso, y entró a su dormitorio dejando la puerta abierta. Yo le hice caso y me senté en el sofá a esperar y desde allí podía verla ir y venir en la habitación sacando la ropa del bolso y acomodándola en la cama o dentro del ropero. Estuvo allí unos 15 minutos y yo seguí observándola en sus movimientos. Por instantes se reclinaba sobre la cama a sacar cosas o doblándolas, acomodarlas en la cama y eso me permitía verle ese culo precioso que se quedaba ante mis ojos y de esa visión comencé a tener una erección porque mis pensamientos de inmediato se disparaban a tener sexo con esa mujer de 43 años que casi en ropas íntimas se me exhibía.

Mientras ella se mantenía absorta de lo que yo hacía en la sala, casi por instinto, comencé a acomodarme la verga bajo mis pantalones y a sobarme sobre la tela la erección que el verla me provocaba. Cuando terminó de sacar las ropas volvió con el bolso vacío y con suma gentileza me ofreció algo de tomar que yo acepté gustoso. Se fue para la cocina y yo la seguí. Se acercó a la heladera y sacó una botella de gaseosa cola fría y al dirigirse a la mesada el envase se le resbala de las manos por la humedad y cae al suelo con estruendo y rebotando un par de veces. Ella dijo: Que torpe soy, debí sujetarla mejor, y recogiéndola del suelo la apoya en la mesada e instintivamente, la abrió para servirme la bebida. Ella giró la rosca de la tapa y, como si fuera una fuente, la efervescencia del fluido comenzó a salir en chorros para todas partes por la agitación del envase y el líquido saltó a las paredes, el mármol de la mesada y su playera mojándole el frente.

De inmediato me acerqué para ayudarle y tomando un trapo de la cocina comencé a secar todo mientras ella se sacudía el líquido de su remera blanca que ahora estaba manchada por la bebida. Cuando terminé de secar la pared y mesada me giro hacia Graciela y ella estaba ahí, parada junto a mi, su playera mojada y sus pechos transparentándose bajo la tela húmeda y pude ver la aureola de sus pezones color oscuro y como la punta se erguía bajo la tela. Le ofrecí el trapo para que se secara y ella me respondió: No te preocupes, creo que me tengo que cambiar esto que es un espanto, y sacudiendo con la mano el frente para quitar los restos de líquido levanto la vista y me quedo mirando. Yo ni cuenta me había dado de eso ya que mis ojos no se separaban de esos hermosos pechos y de los pezones erectos por el frío de la bebida.

La imagen era como una visión celestial, jamás había notado a Graciela como una mujer sexual, un objeto de deseo pero, ese instante era una delicia y mi cuerpo comenzó a reaccionar otra vez y mi verga comenzaba a evidenciar mi excitación creciente aumentando el tamaño del bulto bajo la tela de mi pantalón. Fue tan sólo un instante pero yo sentía como si ese momento fuera eterno, perdurable en el tiempo y dentro mío crecían las ganas de tener a esa mujer.

No sé como, ni me lo pregunten porque ni aun hoy puedo responder como lo hice, estire mi mano y comencé a tocar esos pechos, me encandilaban, intentaba hacer como que quería ayudarla pero en realidad comencé a acariciarle los pechos con descaro, frotándolos con la palma de mi mano para sentir ese pezón y luego le clavé mis dedos estrujándolos. Fueron sólo segundos de eso pero los segundos más recordados de mi vida, ahí estaba acariciando las tetas a la mejor amiga de mi madre. Ella reaccionó casi de inmediato diciéndome, Paco, Pacooo, ¿que haces?, basta, y yo no podía detenerme, seguí amasando esas tetas que eran mi fascinación en ese instante.

Consciente de que ese momento no tenía retorno, tomé coraje y me acerqué pegando mi cuerpo al de ella y presionándola contra la mesada de la cocina mientras ella intentaba zafarse hacia un lado y yo la seguía y cuando no pudo moverse por el mobiliario mi boca buscó su boca con desesperación. Mi boca abierta presionaba en sus labios mientras mi lengua buscaba meterse dentro para besarla y ella con sus dos manos en mi pecho intentaba alejarme para escabullirse y yo presionaba más con mis piernas y manos jalándola hacia mí.

Ese movimiento me estaba volviendo loco, pues mi verga ya estaba apoyada a su vientre y con el forcejeo aumentaba el roce y mi excitación terminando en provocarme una erección descomunal como jamás había tenido. Ahí estábamos en su cocina, mi mano derecha aferrando su pecho, mi mano izquierda jalándola de la cadera para pegarla a mi y mi boca succionando sus labios mientras ella se resistía y de un momento para el siguiente, su boca se abrió (creo que para decir algo) y mi lengua tuvo acceso a su boca y las lengua se juntaron.

Comencé a succionarle la lengua, a jugar con ella mientras ella seguía resistiendo con sus manos en mi pecho tratando de alejarme y yo resistí continuando con las caricias y el beso. Mordía sus labios dulcemente, metía la lengua en su boca y fregaba mi verga en su pelvis y por casi un minuto, tal vez dos, mantuvimos esa batalla yo intentando iniciar una relación y ella resistiendo mis embates hasta que fue cediendo.

Primero fueron sus manos las que dejaron de empujar, dejándolas quietas en mi pecho y permaneciendo inmóvil, sentí como su cuerpo se detenía en aquella batalla y claudicaba a mis intentos y, lo mejor de todo, comenzó ella a mover su lengua disfrutando del beso que yo le estaba dando y ahora era ella la que comía mi boca en lugar de ser yo el que lo intentaba. Un instante después, sus manos se deslizaron hacia abajo y meciéndolas con esfuerzo entre nuestros cuerpos tomó mi verga por sobre el pantalón y comenzó ella a acariciarme de arriba abajo.

Jugó con mi miembro por unos cinco minutos mientras yo seguía besando su boca, su cuello y luego intentando comerle las tetas mientras estábamos parados en la cocina junto a la heladera. Ella me alejó un instante de su cuerpo y me dijo: Está bien Paco, tú ganas, Ahora soy yo la que tiene ganas de ti, y se arrodilló frente a mi haciéndome apoyar en la mesada, abrió mis pantalones, los bajó con ambas manos junto a mis calzoncillos y tomando mi verga con su mano comenzó a pajearla frente a su rostro mientras yo absorto la miraba disfrutando de ese instante.

Ella escupió en el glande una buena cantidad de saliva y mirándome a los ojos dijo: Te la voy a chupar como nunca te mamaron Paco, y acto seguido se la introdujo por completo en su boca llegando hasta su garganta y cuando la tuvo toda adentro comenzó a mover de lado su cabeza como queriendo que le entrara más hondo.

Mis 19 centímetros de verga estaban en toda su boca y sentía su lengua y garganta apretármela y succionarla con fuerza y comenzó a retirarla lento, aumentando la presión de la succión hasta que la quitó toda de su boca con un sonoro PLOP, y la volvió a engullir otra vez para comenzar a lamer el glande mientras con sus manos jugaba en mis huevos y me hacia una paja subiendo y bajando con un ritmo pausado, lento y muy placentero. Mis manos tomaban la cabeza de ella presionando a cada penetración en su boca porque quería hundirle mi verga hasta las entrañas y ella con toda su experiencia, abría su boca y garganta dejándola entrar toda íntegra en su interior y la sacaba como si literalmente me la estuviera cogiendo por la boca.

Tras tres o cinco minutos en esa posición mamando mi verga, ella sola se retiró y me dijo: No quiero que aún termines, ven cómeme la concha ahora, y comenzó a quitarse la ropa. Arrojó su playera sucia al suelo dejando esos hermosos pechos frente a mis ojos. No eran grandes pero tenían un pezón oscuro que resaltaba bajo la piel blanca de las tetas. Con un movimiento rápido, dejó caer el short de jeans que llevaba puesto y quedó con sus calzones color azul oscuro frente a mi. Dio dos pasos para atrás y se acostó en la mesa de la cocina y abriendo sus piernas para mi me dijo: Vamos, que esperas, es mi turno Paco.

Yo me acerqué, tomé la tela de sus calzones y la hice a un lado para dejar su concha completamente depilada frente a mis ojos y abriéndola en dos con mis dedos hundí mi lengua penetrando el orificio de entrada en un solo movimiento. Ella soltó un gemido fuerte que seguro sonó en todo el apartamento y yo comencé a comerle su concha con total devoción. El sabor era agridulce, riquísimo, sus fluidos ya eran abundantes y me llenaban la boca a cada succión que le daba.

Mi lengua entraba y salía suave de su vagina bien en punta y tras repetir ese movimiento varias veces me aleje un poquito y con la punta de la lengua le recorrí toda la concha subiendo hasta encontrar el clítoris. Al verlo era enorme, sobresalía de los labios vaginales como dos centímetros como una montaña en la llanura y lo comencé a tocar con la punta de la lengua, suave, en círculos, rozándolo permanentemente para aumentar el éxtasis y placer de ella a cada instante.

Ella aumento sus gemidos que ya parecían aullidos, jadeaba y repetía, ahhh, ajjjj, si así dame paco, asii, massss, ajjjjhhh… y yo no cesaba de comerle el clítoris con voracidad, mordía suavemente ese punto, lo amasaba en mis labios y lo golpeaba con la punta de mi lengua aumentando el ritmo a cada instante. Levantando mi vista pude observar como ella mojaba sus dedos y comenzaba a pellizcar con ellos sus pezones humedeciéndolos y estirándolos para aumentar su placer y yo aproveché para untar mis dedos de sus jugos y dirigirme a acariciarle el culo.

Hice a un lado el resto de tela de sus bragas que se le metía en la raja del culo y con la yema de mi dedo índice comencé a acariciarle en círculos mientras con mi boca no cesaba de comerle el clítoris y ella respondió de inmediato relajando su esfínter y dejando que una falange de mi dedo entrara sin mayor problema. Seguía succionando ese clítoris mientras mi dedo ya estaba adentro de ese culo y comencé a mover el dedo en forma de penetración suave, adentro, afuera, adentro, fuera y seguía y a cada movimiento notaba como se le hundía más y más hasta que todo estaba adentro y el movimiento era largo y profundo.

Ella se soltó los pezones y jalando mis cabellos me pegó a su concha y comenzó a gritarme, Sii, así Paco, hacéme acabar bebe, cómeme toda mi amor, y yo aumenté el ritmo en su clítoris y mi dedo hasta que estalló en un orgasmo gigantesco. Me apretaba con las piernas flexionadas mi cara contra su cuerpo, pujaba con su pelvis para que mi boca comiera más su clítoris y sentí la tensión de su culo aprisionando mi dedo que le llegaba bien adentro hasta que un minuto después se relajó por completo.

Cuando Graciela se recompuso de su orgasmo se levantó de la mesa de la cocina, me ayudó a quitarme la ropa y tomándome de la mano me llevó a su cuarto. Sin soltarme sacó todo lo que estaba sobre la cama airándolo al piso y me arrojó de espaldas sobre el colchón y diciendo, Vas a acabar lo que empezaste, se arrojó sobre mí y me comenzó a besar mi boca. Ahí me tenía, yo abajo casi inmóvil por el peso de su cuerpo, ella reclinada sobre mi pecho besándome, mis manos aferrándole las nalgas y su boca comiéndose la mía y sin vacilar su mano buscó mi verga que estaba a la entrada de su sexo y guiándola se la fue introduciendo dejándose caer por completo sobre ella hasta que le hizo tope bien adentro.

Se soltó de mi e irguiéndose sentada sobre mi pelvis sentí como mi verga entraba un par de centímetros más en su concha mientras ella hacía fuerza hacia abajo clavándose por completo mi miembro en sus entrañas mientras se apoyaba con ambas manos n mis caderas para sostenerse. Mis manos buscaron aferrarse a sus tetas y ella comenzó a cabalgarme como una endemoniada, literalmente saltaba sobre mi verga subiendo casi hasta sacársela y dejándose caer con fuerza hasta enterrársela otra vez y lo volvía a repetir. Graciela gemía, jadeaba y como si estuviera posesa me repetía: Si bebé. Si mi Amor. Hace cuanto que no me cogían así. Dame más.

Yo solté sus pechos y tomándola de las nalgas comencé a acompañar sus movimientos de sube y baja empujando con las caderas para arriba cuando ella se dejaba caer sobre mi verga. Me sentía en el cielo y mi excitación había llegado a su límite y le dije que me estaba por correr: Uhf Graciela, ahhh, no aguanto, me vengo, me vengo… y ella se hundió más mi verga en sus entrañas y fregándose con todo adentro moviendo las caderas adelante y atrás me dijo: Dame esa leche bebé, la quiero toda aquí adentro, y no pude más y me corrí.

Sentí como los latigazos de semen salían de mi verga, uno, dos, tres y un último espasmo que tensionó mi cuerpo de una manera que parecía una vara bajo el cuerpo de ella y Graciela en ese momento se tensionó producto del orgasmo que le vino y clavando sus uñas en mis caderas se fregaba contra mi cuerpo de una manera deliciosa hasta que se desplomó sobre mi otra vez jadeando e intentando recuperar la respiración. Unos minutos después, recobrando la respiración y la calma, levantó su rostro y mirándome a la cara me dice: Paco, ha sido genial. Nunca había tenido una verga de este tamaño antes y me encantó, y de inmediato me volvió a besar pero ahora con dulzura y pasión.

Mi verga comenzaba a descender y sola se salió de su vagina mientras nuestros flujos chorreaban sobre mi pelvis y cuando dejamos de besarnos me dice: ¿Quieres darte una ducha? Ven, y me llevó a su baño donde nos bañamos juntos. Mientras el agua y el jabón recorrían nuestros cuerpos no dejábamos de acariciarnos o besarnos y todo eso volvió a provocarme una erección y sin salir de la ducha ella se arrodilló y me la volvió a mamar otra vez. Fue una sensación tan agradable que hoy cada vez que puedo intento repetir eso, el calor del agua chorreando y golpeando tu cuerpo mientras una boca cálida succiona tu pene intentando dejarlo seco por dentro.

No necesitó mucho tiempo para que realmente estuviera excitado otra vez y deseara correrme y se lo dije. Sin pensarlo dos veces nos salimos del agua y nuevamente fuimos al cuarto pero esta vez yo la eché a ella sobre la cama y comencé a devolverle las caricias con mi boca, comí sus pezones y bajé a comer su vagina otra vez.

Estaba comiéndole el clítoris cuando decidí bajar para lamer su culo, le subí las piernas todo lo que pude y con esfuerzo comencé a pasarle mi lengua alrededor del ano mientras ella con sus dedos acariciaba su clítoris. Como me era algo incómodo, le di la vuelta y abriendo sus nalgas volví a comerle el culo intentando meter mi lengua en él y ella con su mano por debajo de su cuerpo no dejaba de jugar en su sexo, primero tocaba el clítoris, luego metía un dedo a su vagina y sacándolo todo mojado volvía a acariciar su clítoris con fuerza. Saqué mi rostro de entre sus nalgas y arrodillándome entre sus piernas la tomé de las caderas poniéndola en cuatro patas y le dije: ¿Alguna vez te cogieron por el culo Graciela? y ella me respondió: Sí Paco, partime el culo amor, y dicho y hecho, se la clavé por el culo sin más.

Apoyé el glande en el ano y para mi sorpresa fue ella la que empujando para atrás se fue introduciendo mi verga poco a poco soltando tremendos gritos de placer. Se reclinó sobre sus manos quedando con el culo empinado y mientras mordía las sábanas, gemía y gritaba diciendo, Más fuerte, Más fuerte mi amor, yo comencé el mete y saca jalándola de las caderas.

Era mi primera vez que le daba por el culo a una mujer y no podía creer lo lindo que sentía la estrechez de sus músculos tragándose mi verga, aprisionándola a cada penetración y como lo estaba gozando esa puta de la amiga de mi madre. Fue tanta la excitación que no me resistí mucho y tras varias veces de meterlo y sacarlo comencé a vaciarme en su culo soltando torrentes de mi leche caliente y cuando ella lo notó se ayudó con la mano en su clítoris y terminó en un orgasmo estruendoso, dando verdaderos gritos de placer, gritando que gozaba y pidiendo más leche y más.

Exhaustos como estábamos, sudorosos de tanta actividad nos desplomamos en la cama mi cuerpo sobre ella y los dos jadeando sin poder respirar con comodidad por varios minutos hasta que mi verga se salió de su culo sola al perder la erección.

Después de varios minutos relajados en la cama cambiando caricias, besos y palabras dulces me di cuenta que habían pasado más de dos horas desde que había llegado y en ese momento suena el teléfono. Era mi madre preocupada por mi que llamaba para ver si aún estaba por ahí y Graciela le dijo: Si acá está y como todo un hombre que es me ha ayudado con unas cosas y ya va para tu casa.

Me levanté, me higienicé, vestí y me despedí de Graciela para volver rápidamente a casa y ella sólo se calzó una bata y al saludarme me dijo: Paco, sabes que me voy de viaje por vacaciones 15 días pero, a mi regreso, quiero que vengas a buscar la ropa de tu madre que me prestó y repetir esto otra vez mi niño, y yo le dije: Seguro Graciela, estaré esperando ese día ansioso desde hoy, y me marché.

Poco más de dos semanas desde ese día, sonó en casa el teléfono, atendió mi madre y saludando a Graciela oigo que le dice: Si, Si Gracielita, ya te lo mando para allá a buscar mis cosas y mañana te espero para que me cuentes de todo lo que has hecho, y cinco minutos después estaba yo camino a mi segundo encuentro con Graciela pero para leerlo deberán esperar otra entrega.

Saludos a todos los lectores y espero que lo disfrutaran como yo cuando estuve con ella.

Autor: Paco

UNA AMIGA DE MI TIA

UNA AMIGA DE MI TIA
Esto pasó hace unos años atrás, ahora ya estoy recibido y ella felizmente casada, pero cada tanto recordamos y tenemos nuestros encuentros.

Había terminado el secundario y como todo chico o chica del interior del país, soñaba con venir a estudiar a la capital. Por suerte tengo varios parientes, por parte de mi padre, que viven allí. Yo me había comunicado con mi tía y en breves palabras le comenté mis ansias de querer estudiar en la Universidad y le pregunté si ella me podía dar un lugar en su casa donde poder quedarme el tiempo que duraran mis estudios, a lo que respondió que no tendría ningún problema en tenerme en su casa.

Llegué una semana antes del comienzo de clases y mi tía me estaba esperando. Cuando ingresé en el departamento noté que de la cocina salía una mujer de unos 35 años a la cual miré desde la cabeza a los pies, nos presentamos, ella se dirigió hacia mí dándome un beso de bienvenida. Enseguida comencé a tener un sueño a tal punto que se me cruzó en mente, a esta mina tengo que cogérmela.

Anita, así se llamaba, era una rubia de 1.67 m. de altura de rasgos gorditos, siempre con una hermosa sonrisa en el rostro, de piernas flacas, una cola no tan pronunciada y unos pechos grandes que fueron los que me impresionaron la primera vez que la vi. Anita tenía problemas con su marido y quería separarse, mi tía se ofreció a que se viniera a vivir con ella, y desde mi llegada, con nosotros.

A todo esto tengo una prima que venía seguido a visitarnos. Con Anita entablaron una linda amistad. Pochi, era el apodo de mi prima, tenía varias amigas de nuestra edad y me había prometido presentarme a alguna para después, si nos resultaba simpático el encuentro, y así poder salir en otras oportunidades. Arreglamos para salir ese mismo sábado, y Pochi no tuvo mejor idea que invitarla a Anita. Ese sábado a eso de las 23:30 ya estaba preparado para salir. Anita todavía no había terminado de arreglarse y comencé a llamarla para que se apurara. escuché su voz a través de la puerta.

-Ya termino, ya salgo- me dijo. -Acelera que nos tenemos que encontrar con Pochi y sus amigas- le respondí.

Tal fue mi sorpresa cuando la vi salir que casi me desmayo, ella estaba vestida con una blusa semitransparente de color negro, la cual permitía ver su corpiño de encaje del mismo color sosteniendo y apretando sus hermosos pechos. Seguí recorriendo su cuerpo, encontrándome con una minifalda tableada escocesa que iba apenas por debajo de sus nalgas. Después de convivir seis meses juntos, era la primera vez que la veía tan sexy. Las piernas parecían ágiles y alargadas, acompañadas por unas botas negras que le llegaban hasta las rodillas. Eso me excitó tanto que mi pija había comenzado a pararse, la veía como una mujer muy deseable que estaba necesitando con desesperación ser amada. Me mira, la miro y en su cara apareció una sonrisa, sus ojos brillaban como nunca.

-¿Ya estás?- le pregunté. -Sí, me falta el abrigo y salimos- me respondió.

Llegamos a la parada del micro y yo le decía que tuviera cuidado, porque de la forma que iba vestida estaba para hacerle cualquier cosa, pero ella siempre respondía con una sonrisa, sus labios estaban pintados de un rojo oscuro, el inferior era carnoso, todo lo contrario al superior. Pensé muy dentro de mí, cómo debe de chupar la pija esta mujer, pero mis planes eran otros, encontrarme con Pochi y conocer a una de sus amigas que según ella estaban muy fuertes. Bajamos con Anita del micro y cruzamos la calle estaba mi prima, pero sólo venía con una chica a su lado, pensé que sería la amiga que me presentaría, pero no fue así, esta chica tenía otros planes, además de ya estar acompañada.

Ingresamos al boliche y comencé a recorrer el lugar, me había separado de las chicas y mis ojos se dirigían hacia todos los sectores, especialmente a esas colas y tetas tan pronunciadas que sobresalían de vestidos y escotes. El boliche estaba a pleno, la gran mayoría bailaba. Caminé unos metros y en la penumbra me encontré con Anita, quien me regaló una amplia sonrisa.

-Está hermoso el boliche- alcancé a oírle.

No estaba muy decidido pero la invité a bailar, cosa que aceptó inmediatamente. Una vez en la pista nos miramos y no titubeé en tomarla de la cintura y atraerla contra mi cuerpo. Ella pasó sus brazos sobre mis hombros, mi mentón se unió a su cara y frente cálida, seguimos despaciosamente el ritmo de la música. Comencé a bajar mi cara y a darle suaves besos sobre la frente y la mejilla, llegué al cuello suave y aromatizado por un perfume dulce, penetrante. Anita se dio cuenta de mis intenciones, a tal punto que se paró y por unos instantes pensé que lo que estaba haciendo no era de su agrado, pero no fue así, pues me brindó una sonrisa acogedora y sentimos una atracción simultánea, nuestros labios se encontraron en un beso electrizante, mi lengua pasó la barrera sensual de sus labios encontrándome con la de ella, pulposa, carnosa, ancha y atrevida.

La apreté contra mi cuerpo, mi bulto ya era más que notable, sus tetas, tendría unos 110 cm de busto, se apretaron contra mi torso. El beso fue atrapante y pronunciado, las caricias se sucedieron y sin esperar más mi mano se posó sobre su cola. Sentí la dureza de sus pequeños cachetes, la invité a que nos sentarnos y comenzamos una larga e ininterrumpida franela. Mi pija ya no daba más, la zona donde se encontraba mi bulto estaba totalmente húmeda. Había alcanzado a desprenderle dos botones de su blusa, mi mano se deslizo por sus tetas, los pezones tomaron vida, se pusieron duros y erguidos, se los pellizqué suavemente y alcancé a oír un gemido de placer mientras nuestras lenguas seguían entrelazadas recorriendo cada rincón de nuestras bocas.

Dejé de acariciarle las tetas para bajar hasta la falda, no pude llegar a tocarle la concha porque su cuevita estaba cubierta por las medias de lycra largas, percibiendo con claridad la brillantez de sus jugos que fluían de la entrepierna. Tuvimos unos 30 minutos así, franela va, franela viene, luego decidimos seguir bailando. Nos encontramos con Pochi.

-¿Dónde estaban?. Los anduve buscando- dijo.

Le respondí que estaba conociéndome el boliche y Anita le dijo que estaba bailando. Llegó la hora del cierre del boliche, nos fuimos caminando hasta la parada del micro, nos despedimos de Pochi y ya de regreso a casa, Anita me dijo.

-Lo que pasó esta noche queda acá. -No sé-le respondí-, si vos querés podemos mantener una relación muy discreta -A mí me gustaría-dijo-pero prométeme guardar el secreto, porque si se entera tu tía, nos echa o nos mata -No te preocupes-contesté-¿O piensas que me voy a perder hacerte el amor por andar abriendo la boca de más? -No, mi amor-terminó diciéndome, me abrazó y me dio un beso en que nuestras lenguas volvieron a entrelazarse.

Bajamos del micro, nos fuimos abrazados hasta la casa, entramos, y comencé a pensar que no me la podría coger porque ella compartía el dormitorio con mi tía mientras que yo tenía una cama provisoria en el living. Pero no todo estaba perdido, a la mañana mi tía iba de visita a casa de su hermana que vive a unos cuantos kilómetros de Buenos Aires, y ese sería el momento ideal para estar íntimamente con Anita.

Antes que nos fuéramos a dormir, la tomé con fuerza de la cintura y la arrinconé contra la pared dándole unos besos eternos. Con mis manos le agarraba las tetas bajando hasta su culo, terminando por acariciarle la concha sobre la media de lycra. Me separó de ella y me dijo que mejor lo dejemos para mañana, porque no daba más ella tampoco.

Me fui para mi cama con unas ganas tremendas y pensando una y otra vez cómo sería nuestro encuentro íntimo, no aguanté más y me comencé a acariciar muy lentamente soñando que eran sus manos, y segundos después acabé, murmurando su nombre.

Por la mañana me desperté por los ruidos que hacía mi tía. Estaba charlando con Anita sobre cómo la había pasado. Seguí durmiendo por un rato, sentí el ruido de la cerradura, mi tía se había ido, esperé unos diez minutos e imaginando lo que vendría luego mi pija ya estaba parada.

Anita estaba vestida con una camisa blanca que le apretaba las tetas y un jeans azul. Pasó por el living, cerca de donde yo estaba, me vio despierto y me dijo

-¡Parece que tenemos mucha fiaca! ¿No?- -No, para nada, venía, acércate- le respondí. Se sentó a mi lado, la estreché entre mis brazos, la atraje, le metí un beso en la boca con ganas de arrancársela, las lenguas jugaban y nuestras manos recorrían nuestros cuerpos, mis manos desperadas se posaron sobre sus tetas, que eran algo increíble, le desabotoné la camisa y ella se paró diciéndome:

-Deja que lo hago yo.

La miraba mientras se terminaba de sacar la camisa, siguió por los jeans, sus manos tomaron el prendedor del corpiño, lo desprendió y pude admirar por primera vez una par de tetas hermosas que se iban liberando rápidamente de su envoltorio. Le hice lugar en la cama, comenzando un franeleo incesante, besando y comiendo sus orejas y cuello, hice un alto en esos pezones que cada vez me ponían más loco, los comí como queriendo sustraer algo, se endurecieron y yo seguí apretándolos con unas ganas tremendas y Anita gemía de la calentura que tenía. Introduje la mano por debajo de la tanguita tocando su sexo, recorrí con los dedos el canal, estaba empapada, no podía creerlo, su vagina estaba bien caliente con unos labios carnosos y jugosos.

Dos de mis dedos se perdieron en su sexo, jugué un rato con su clítoris y Anita largaba gemidos de placer, introduje otro dedo, ahora eran tres los que tenía adentro. Anita estiro sus manos hasta mi bóxer, liberó mi pija para luego hacerme una paja. Le saqué lo poco que le quedaba de ropa y ella hizo lo mismo conmigo.

Ella se recostó con las piernas abiertas, invitándome a que la penetre. Me acerqué muy despacio y ella misma me agarró la pija con su mano dirigiéndola a su concha, al momento que la cabeza de mi pija tomó contacto con su concha, no podía creerlo, estaba penetrándola muy despacio y sin pausa, hasta que la tuvo toda bien adentro, me pasó las piernas por encima de la cintura rozando mi cola, ya era una situación incontrolable, sentía cómo presionaba con sus paredes internas mi pija, empecé a bombear cada vez más rápido, los dos nos sentíamos insaciables. Aumenté la velocidad de las embestidas, mi pija seguía dura como una roca, los movimientos de Anita comenzaron a hacerse más agresivos llegando al clímax final y nos perdimos en un orgasmo interminable.

Sintiendo aún los latidos de su concha saqué mi pija, todavía me salía leche de mi glande y ella la atrapó entre sus manos, pasando el resto de mi leche por su vientre. Descansamos un rato abrazados los dos muy juntos, pasó un tiempo y ella comenzó a besarme nuevamente, mi mano recorría todo su cuerpo y ahora estaba jugando con su cola

-¿Te gusta mi amor? Es todo tuyo-me dijo

Con movimientos circulares y muy lentamente mis dedos fueron penetrando en su cola y los gemidos de Anita volvieron a invadir el silencio de la habitación, saqué mi dedo y la hice colocar en cuatro, ahora mi lengua estaba probando su colita, cada vez más dilatada.

-No aguanto más amor, métemela por favor... ¡yaaaaaaa!

Tomé mi pija y se la fui acercando a su cola muy lentamente, fue algo de otro planeta, estaba viendo cómo la cabeza de mi verga se perdía en ese agujero que parecía interminable. Ahora estaba toda dentro suya y ella gemía como nunca. Yo no quería que terminara ese momento tan hermoso, sentí que algo explotaba, bombeé con fuerza hasta acabarle, dejándole toda mi leche en su interior y ella se acariciaba su concha con sus manos, cada vez más rápido hasta que explotó entre gemidos de placer.

Caímos los dos rendidos sobre la cama, aún estando dentro de ella, no quería que me saliera de ella aún. Muy despacio se la fui sacando, ella se dio vuelta y me brindó una de sus mejores sonrisas, diciéndome lo lindo que lo había pasado.

LA MADURITA DEL PARQUE

La conocí una tarde calurosa en un parque público aquí en Villahermosa, en México. Yo necesitaba meterle saldo por medio de una tarjeta a mi celular y buscaba algo para raspar el código, ellas compraban a una niña unos dulces y aproveché para pedirle a la niña una moneda que me ayudara en mi problema, pero ésta no entendió, a lo que X, así la llamaré, se ofreció a prestarme su uña, le di las gracias y me dijo que le debía una goma de mascar en pago al favor, sonreímos y me alejé unos metros donde estaba anteriormente sentado.

Al principio no le puse mucha atención a ella y una amiga, estaban sentadas esperando a alguien (después supe que era el amante de la amiga). Y como mi posición era exactamente detrás del gran culo enfundado en unos jeans de X, solo atisbé a mirarle de reojo ese gran culo maduro y grande, en un movimiento que hizo hacia delante, se le subió la blusa y pude verle el inicio de sus nalgas llevaba una ropa interior en color negra.

Soy del norte del país, tengo 31 años y por razones de trabajo estoy por estas tierras, así que no cojo tan seguido, quizá por eso me calentó esa imagen. Así que sin pensarlo me dirigí a ella y de sorpresa le dije que me diera su número de celular porque algún día le iba a pagar la goma de mascar, ella sonrió y como pidiendo opinión a su amiga también madura, me dio su número entre risas, eso fue todo; unos instantes después pasaron por ella y en 5 minutos empecé a mandarle mensajes, ella me contestaba de inmediato.

Después de 15 días de comunicarnos por este medio, empezamos a salir, supe que tenía 48 años y 13 de viudez, unas tetas de diosa y un culo enorme, tenía una hija de 28 que vivía en una ciudad del centro y actualmente vivía con un hijo de 25. A la 4ª salida, después de tomarnos un café, no aguanté más y en el estacionamiento empezamos a besarnos afuera de mi coche y a sobarle mi verga erecta sobre su falda, la oscuridad de la noche y la poca gente fueron nuestros cómplices, realmente ella deseaba coger porque al meterle un dedo en su chochito húmedo, corroboré la humedad de esa vagina sin uso.

Nos fuimos a un motel en las afueras de la ciudad y apenas cruzamos la puerta ya nos estábamos comiendo a besos, la desnudé despacio, sin prisas, pero con la urgencia de lamerle toda la piel madura, ella entrecerraba los ojos y me besaba el pecho, los hombros, fue bajando lentamente sobre mi pecho, pasando por mi estómago hasta detenerse en la zona de mi pubis, intuí lo que intentaba hacer, así que me senté al bordo de la cama y ella arrodillada me dio la mamada más fenomenal que nadie me había dado, saqué mi cámara digital y posó para mí, le tomé varias fotos y algunos pequeños videos(que vuelvo a ver para recordar esos instantes).

Una vez que sentí que se aproximaba un orgasmo, le dije que parara, que le tocaba a ella; así que la puse en cuatro patas, con su culo virgen al aire, mostrándome una vagina húmeda, deseosa de ser penetrada una y otra vez. Bajé desde su cuello, por su espalda, siempre lamiendo, chupando levemente, hasta detenerme en su gran culo maduro, al que empecé a meterle la lengua y a chuparle sin prisas, mi verga en ese instante era un tronco, y se la pegaba a sus nalgas, yo veía todo el espectáculo aquel por el espejo de la habitación, veía su rostro como expresaba aprobación a cada caricia de mi lengua en su chochito, el sabor de esa vagina era indescriptible, yo he mamado muchas vaginas, pero esta tenía la plusvalía de tener mucho tiempo en reposo, en la calma total, durmiendo para ser algún día despertada y hoy era el día, le estaba sacando el mejor jugo…

Ella perdió toda compostura de Señora Bien, de Señora de Clase y me decía: Que rico me mamas, así amorcito, chúpame, hazme tuya, soy tu putita, cógeme rico, métemela que ya no aguanto más, esas expresiones de deseo y lujuria reprimida por muchos años, las tomé como órdenes y antes de metérsela, giré para quedar enfrente de su boca golosa y se la metí en la boca, para que me la chupara y la lubricara aún más, mientras mi mano derecha bajaba sobre su chochito y con el dedo medio corroboré su lubricación, estaba realmente caliente.

Cuando me disponía a colocarme un preservativo y penetrarla, casi rogó porque no lo hiciera, argumentó que ella era sana y que tenía años que no cogía con nadie, y yo como siempre me cuido y dominado por la lujuria de ese instante, tiré el condón al piso y la penetré de un solo tirón, y empezamos a movernos de una manera frenética, como locos, así estuvimos mucho tiempo, cogiendo aquel chocho maduro.

Instantes después me tiró sobre la cama, yo boca arriba y de un movimiento ágil, se colocó arriba de mí, de espaldas y tomándola con su mano derecha, se enterró mi verga hasta el fondo, el espectáculo era maravilloso, le veía como movía ese gran culo, yo hacía un esfuerzo sobrehumano para no venirme, le introduje un dedo, luego otro en ese culo virgen y le insinué cogerlo, pero ella dijo que después, había tiempo de sobra.

Quería llegar junto con ella, pero me ganó, sentí como entró en un estado de éxtasis y desenfreno, temblaba, el orgasmo de ella había llegado, quise aumentar el ritmo de mis embestidas para venirme también, pero no lo conseguía, así estuvimos hasta que se levantó y me dijo que se la diera en su boca, ya no aguanté más y le inundé la boca, la cara de semen caliente, de lechita caliente para una Señora de Clase que por algunas horas se había transformado en una hembra sexual.

Era la primera vez que cogía con una nena madura, 48 años bien asentados, ahora que escribo esto me excito y ya estoy pensando en ella. Pero esta fue la primera vez con ella, aún tengo historias reales que contarles.